No sé por qué, pero hay una especie de humano que cree que los días nublados o con mucho sol definen su estado de ánimo. Yo soy de esa gentuza loca. Y esta semana mucho de esa misma calaña vivimos cambios inesperados y el calor me puso de mal humor, ¿por qué? No sabía con qué vestirme.

Como es costumbre, en primavera se puede “disfrutar” un enredo con las temperaturas que más de un estornudo dejó. Nadie, simplemente nadie, sabía qué ponerse. Por mi parte, ver que de pronto no salía el sol con la intensidad que caracteriza estas épocas – se supone – me sacó más de una sonrisa. Pero el resto de la sociedad santiaguina era un desfile de estaciones compartiendo la misma vereda. Gente con sandalias, con botas, con chaquetas, con poleras, con polerones, con mini falda o micro-vestidos sensualones, todo eso junto pegados en el metro o peleando por tomar un taxi para no llegar tarde a algún lugar.

Como siempre, queridos lectores, estoy aquí para -patudamente- ofrecerles una solución para afrontar a nuestra querida primavera, que sólo a dos semanas de acabar le gusta dejar caos en nuestra elección diaria del idealizado, “atuendo perfecto”.

Los días parten con altas temperaturas, pero si eres de aquellos que vuelve a casa tarde porque prefiere tomarse un café o tomar una rica cerveza helada, es probable – al menos siendo mujer – que necesites tener en tu cartera un chaleco, que será odiado por el peso, pero  sabes que en tu corazón de abuela, que será útil en algún momento. Y, ¿el resto?

Como les he comentado, si bien hay cosas nuevas, la moda no ha cambiado mucho. Vuelven las flores y colores fuertes, como los pantalones de colores, que hace cuatro años causaban furor, hoy regresan a las vitrinas en gloria y majestad, pero con fuerza en venta para ambos sexos… bueno, al menos eso dicen las calles de Providencia, el barrio Lastarria y casi todos los blogs de moda y tendencia nacionales.

Pero si hace mucho calor, tus piernas no están lo suficiente bronceada  como para usar vestido, ¿te cubres igual? ¿derretirte sentada en un escritorio trabajando (o haciendo la práctica) es la única opción? No señoritas, el otro día vi la luz de la comodidad: la falda larga.

Hace fácil seis años me dio por usar falda larga, algunas heredadas y otras compradas por ahí, pero nada muy caro. No recuerdo si fue esa época media gitanesca (no se preocupen en recordarlo, tengo muy buena memoria para leseras) que hubo locuras adolescentes en búsqueda de un estilo, pero el asunto es que quedaron y como nunca boto la ropa allí estaban, esperando que un día cualquiera y buscando otra cosa, vaciara mi closet y me cayera en la cara – literalmente como una ola de ropa cayó en mi-.

Me decidí a usarla, para ir al trabajo y fue sin duda la mejor opción de todas. Junto con una blusa negra sin mangas, y unos zapatos bajo, fui feliz. Descubrí que tenía bolsillos, y más aún la amé. Si bien ese día glorioso terminé con mucho frío, por todos los cambios que me he quejado en los primeros párrafos de esta columna.

Otro descubrimiento es la opción de usar eso que pensaste que en verano no pega ni junta: los bototos.

En una de mis primeras columnas los cité como una opción, y hoy les vuelvo a recordar que aún pueden ser usados en más de una ocasión. Los botos, con jeans y una polera son perfecto, y también con vestidos.

 

 

Si te gustó como se ven, no los sintiesen a sólo usarlos en invierno, en estaciones más calurosas también pueden ser un accesorio ondero que se ve bien y son cómodos para caminar siempre.

También volvieron las chalitas con corcho. No sé su nombre formal, pero sí, son las mismas que se usaran en la temporada pasada. Altas, muy altas o de taco pequeño, también son parte de look veraniego de muchas marcas y blogueras chilenas.

La moraleja de hoy – y creo que casi siempre- es reciclar. Es un simple plazo como observar y ordenar que tienes en tu closet, ¿pero y el tiempo? Un domingo es perfecto para y prepararte para lucir lo mejor de una de tus mayores inversiones injustificadas, tu closet.

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